Sección 03 — Izquierda, derecha, centro

Izquierda, derecha, centro

El espacio político tiene una dimensión que todos reconocemos pero pocos entienden formalmente: el eje ideológico. Estos modelos explican cómo los partidos se posicionan, por qué convergen al centro, y cuándo —y por qué— esa convergencia se rompe.

El votante mediano y la competencia electoral

En 1994, el PAN llevó a Diego Fernández de Cevallos con una campaña agresiva, de ideas claras, que lo posicionó lejos del centro. En 2000, llevó a Vicente Fox con ropa de rancho, lenguaje coloquial y un mensaje que evitaba la ideología para capturar el voto de cualquiera que quisiera sacar al PRI. El mismo partido, el mismo objetivo, dos estrategias opuestas. ¿Cuál tenía razón desde el punto de vista del modelo?

El modelo de Anthony Downs de 1957 es la base de toda la teoría espacial de la competencia electoral. Su argumento central es simple: si los votantes se distribuyen a lo largo de un eje ideológico (izquierda-derecha) y cada quien vota por el candidato más cercano a su propia posición ideal, entonces cualquier candidato racional tiene un incentivo para moverse hacia la posición del votante mediano. ¿Por qué? Porque el mediano tiene exactamente la mitad de los votantes a cada lado. Si tú estás a su derecha y tu rival está más a la derecha que tú, todos los votantes desde el extremo izquierdo hasta el mediano votan por ti. Si te mueves hacia el mediano, ganas votos del lado que te acercas sin perder los del otro. La lógica es implacable: el mediano es un imán. Alejarse de él significa perder.

El desplazamiento de AMLO es el mejor experimento natural que ofrece México para este modelo. En 2006, AMLO corrió con un discurso de confrontación de clase, muy a la izquierda del espectro. En 2012, moderó el tono pero mantuvo la agenda. En 2018, llegó con el mensaje “abrazos no balazos”, “juntos haremos historia”, y con alianzas que incluían al Partido Encuentro Social —una fuerza conservadora religiosa. Se había movido hacia el centro, o al menos había expandido tanto su posición que era difícil ubicarla en el eje. Ganó con 53%. El modelo de Downs predice exactamente esta trayectoria: el candidato racional que pierde aprende a moverse hacia donde están los votos.

Posiciona los dos candidatos en el eje ideológico y observa qué candidato gana según dónde está cada uno y cómo se distribuyen los votantes.

Lo que cambia después de ver este modelo es que dejas de sorprenderte cuando los candidatos “se venden”. La convergencia al centro no es traición ideológica —es la solución de equilibrio de un juego con reglas muy precisas. El candidato que se aleja del mediano por mantener pureza ideológica está sacrificando votos reales por coherencia simbólica. Eso puede tener valor propio (construir una base fiel, diferenciarse de largo plazo), pero desde la lógica de ganar elecciones, el modelo es claro: el centro gana. La pregunta interesante es cuándo eso deja de ser cierto —y los siguientes modelos dan tres respuestas distintas.

Fuentes: Downs, Anthony. An Economic Theory of Democracy. Nueva York: Harper & Row, 1957. | Shepsle, Kenneth A. Analizar la política, cap. V.

La convergencia al centro

Si ambos candidatos son racionales y ambos conocen el modelo de Downs, ambos van a querer estar en la posición del mediano. No solo uno. Los dos. El resultado: dos candidatos que dicen prácticamente lo mismo, un electorado frustrado que siente que “no hay diferencia”, y un modelo que predice exactamente eso.

La convergencia al centro es el equilibrio de Nash de la competencia electoral downsiana. Un equilibrio de Nash es una situación en la que ningún jugador tiene incentivo para moverse dada la posición del otro. Si ambos candidatos están en la posición del mediano, ninguno puede mejorar su resultado moviéndose en cualquier dirección: si uno se mueve a la derecha, pierde todos los votos del mediano hacia la izquierda. Si se mueve a la izquierda, pierde todos los votos del mediano hacia la derecha. El único lugar seguro es el centro. Este resultado —llamado Principio de Mínima Diferenciación, análogo al resultado de Hotelling en economía— predice que en sistemas bipartidistas con votaciones de una sola vuelta, los partidos deben converger hasta ser casi indistinguibles en posición ideológica. La diferencia entre ellos debería tender a cero.

El PRI de Zedillo y el PAN de Fox en los años noventa eran el ejemplo perfecto: ambos abrazaban el TLCAN, el modelo macroeconómico neoliberal, la independencia del banco central, las reformas estructurales. La oposición no era sobre el modelo económico sino sobre quién lo administraba mejor y sin corrupción. La convergencia era tan completa que el slogan de Fox —“Ya”— no hablaba de política sino de alternancia pura. En 2024, la pregunta de si Sheinbaum y Gálvez representaban realmente dos proyectos distintos fue objeto de debate: en varios temas concretos de política económica, sus propuestas eran notablemente similares. El modelo predice eso. El desacuerdo genuino tiende a desdibujarse cuando los votos están en el centro.

Observa la dinámica: mueve un candidato y ve cómo el otro responde racionalmente. El simulador muestra el proceso iterativo que lleva al equilibrio.

La convergencia al centro es un resultado poderoso y perturbador a la vez. Poderoso porque explica un patrón empírico real con una lógica simple. Perturbador porque implica que la democracia competitiva puede producir homogeneidad: los votantes del extremo izquierdo y del extremo derecho quedan sin representación real. Sus opciones están siempre en el centro. Este es uno de los argumentos más importantes para entender el auge de los partidos de extremo: no son aberraciones del sistema, son la respuesta racional de sectores que el equilibrio de Nash dejó sin representar. Cuando Morena o el PVEM capturan votos que antes eran del PRD o del PAN, parte de la explicación está en que los grandes partidos convergieron tanto que había espacio político vacío en los extremos.

Fuentes: Downs, Anthony. An Economic Theory of Democracy, 1957. | Hotelling, Harold (1929), “Stability in Competition”, The Economic Journal.

El problema de las primarias

Si la convergencia al centro es el equilibrio racional, ¿por qué los candidatos de 2024 en México y en casi cualquier democracia suenan tan polarizados durante las primarias, y luego intentan moderarse para la elección general? La respuesta está en que hay dos elecciones, y tienen electorados distintos —con medianos distintos.

El modelo de primarias es una extensión directa del teorema del votante mediano, pero con dos etapas. En la primera etapa (la primaria o proceso interno), el candidato compite solo ante el electorado de su partido. Los militantes y simpatizantes activos de un partido tienden a ser más ideológicos que el votante general —están más a la izquierda si es un partido de izquierda, más a la derecha si es de derecha. El mediano de ese electorado está en el extremo relativo. La lógica de Downs dice: ve hacia ese mediano. El candidato se mueve a la izquierda (si es de izquierda) o a la derecha (si es de derecha) para ganar la primaria. En la segunda etapa (elección general), el electorado cambia y su mediano está en el centro. El candidato tiene que moverse de vuelta. El resultado es la “curva en U”: extremo durante primarias, moderación durante la campaña general. El problema es que los votantes lo notan.

En las encuestas de Morena para decidir candidatura presidencial en 2023, el proceso no fue exactamente una primaria abierta, pero funcionó con lógica similar: el electorado que participó en las encuestas y movilizaciones internas era el núcleo duro morenista, ideológicamente cohesionado. Claudia Sheinbaum ganó ese proceso con un perfil más técnico y menos confrontacional que AMLO, pero mantuvo la lealtad al proyecto. En la campaña general, su discurso moderó el tono sin cambiar el fondo —la versión mexicana de la curva en U. En el PAN, la tensión entre el electorado de primaria (más conservador, más duro en migración y seguridad) y el electorado general (más centrista, más pragmático) es estructural y ha producido candidatos que nunca terminan de convencer a ninguno de los dos públicos.

Ajusta la composición del electorado de primaria y de elección general, y observa cómo la posición óptima del candidato cambia radicalmente entre las dos etapas.

El modelo de primarias explica una de las quejas más frecuentes de la democracia contemporánea: “los candidatos dicen una cosa en campaña interna y otra en la general”. Eso no es necesariamente hipocresía —es la solución racional a un problema de dos electorados con medianos distintos. La solución institucional debería ser diseñar procesos de selección de candidatos que reflejen mejor al electorado general, no solo a la militancia activa. Los sistemas de primarias abiertas (donde cualquier votante puede participar, no solo militantes) intentan exactamente esto: acercar el mediano de la primaria al mediano de la elección general. México ha experimentado con diferentes formatos —encuestas, votaciones abiertas, convenciones— cada uno con sus propias distorsiones.

Fuentes: Downs, Anthony. An Economic Theory of Democracy, 1957. | Shepsle, Kenneth A. Analizar la política, cap. V.

El caos de McKelvey

El teorema del votante mediano funciona en una dimensión. ¿Qué pasa cuando la política tiene dos dimensiones —economía y seguridad, digamos— y los votantes tienen preferencias en ambas? La respuesta que dio Richard McKelvey en 1976 es una de las más perturbadoras de toda la ciencia política formal: en ese caso, no hay ningún punto estable. Desde cualquier posición, una mayoría puede derrotar a cualquier otra posición. El caos es el equilibrio.

En 1976, McKelvey demostró el siguiente resultado: si la competencia política ocurre en dos o más dimensiones simultáneamente, y si los votos siguen la regla de la mayoría, entonces para cualquier par de puntos en ese espacio —no importa cuán alejados estén— existe una secuencia de votaciones mayoritarias que lleva de uno al otro. No hay ningún punto que sea “ganador” en el sentido de que ninguna otra propuesta pueda derrotarlo con una mayoría. Técnicamente: el dominio cíclico de la mayoría es denso en el espacio de políticas. Esto se conoce como el Teorema del Caos de McKelvey, y su implicación es brutal: sin restricciones institucionales, la agenda política puede moverse en cualquier dirección que el controlador de la agenda quiera, con el argumento de que cada paso fue aprobado por mayoría.

La negociación del Plan B de Reforma Electoral en México en 2022–2023 ilustra la lógica de McKelvey en acción. El paquete de reformas originalmente propuesto incluía cambios al INE, al sistema de representación proporcional, al financiamiento de partidos, y al calendario electoral —cuatro dimensiones simultáneas. Los bloques de votación en el Congreso se podían reconfigurar en cada combinación posible dependiendo de qué dimensión se votara en cada momento. La Suprema Corte terminó invalidando partes de la reforma, pero el proceso mismo mostró cómo una agenda con múltiples dimensiones puede producir mayorías inestables que parecen apoyar políticas contradictorias. El que controla el orden del día controla qué comparaciones se hacen y, por tanto, qué “mayorías” se forman.

Explora el espacio bidimensional: coloca votantes con preferencias en dos ejes y observa cómo desde cualquier posición política existe una propuesta alternativa que derrota a la actual por mayoría.

El caos de McKelvey no predice que la política sea siempre caótica —predice que sin restricciones institucionales, podría serlo. La estabilidad que observamos en la política real no es inherente a la lógica mayoritaria, sino producida por instituciones: reglas de procedimiento, control de agenda, jugadores de veto, compromisos previos. Las constituciones, los reglamentos parlamentarios, los comités que filtran qué se vota son todos mecanismos para reducir el espacio de opciones y evitar el ciclo. McKelvey no dice que la democracia es imposible —dice que la democracia estable requiere diseño institucional explícito. La estabilidad no es el estado natural del juego democrático. Es una construcción.

Fuentes: McKelvey, Richard D. (1976), “Intransitivities in multidimensional voting models and some implications for agenda control”, Journal of Economic Theory 12(3): 472–482. | Shepsle, Kenneth A. Analizar la política, cap. V.

El eje izquierda-derecha es la gramática básica con la que describimos la política, pero estos cuatro modelos muestran que ese eje tiene límites precisos: funciona cuando la competencia es en una sola dimensión, cuando los votantes participan en un solo proceso, y cuando los actores no pueden manipular la agenda. Cuando alguna de esas condiciones falla —y en la política real mexicana fallan con frecuencia— el espacio político se vuelve más complejo y más manipulable. El blog — elcerebrohabla.com — es donde sigue el análisis sobre lo que está pasando en México.

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